sábado, 5 de diciembre de 2015

8 FAMOSAS LEYENDAS DE TOLEDO

Aquí os dejo ocho de las mejores y más conocidas LEYENDAS DE TOLEDO.
¡ DISFRUTAD DE LA LECTURA!

Las tres fechas de Bécquer...

Un recuerdo a Bécquer en la Plaza de Santo Domingo El Real... 
No había manera, los toledanos lo hacían también en tiempos pasados, dejar en esta plaza un recuerdo al personaje que nos embrujó y nos inspiró en este viaje: Gustavo Adolfo Bécquer. Mientras descansábamos entonces, esperando al público, les propuse a los actores escribir unas palabras de admiración al poeta de las rimas y dejarlas junto a una vela en un cuadrito bajo una placa que le conmemora en esta plaza.

La Leyenda...

En algunas placas colgadas en las esquinas de las callejuelas toledanas se destaca el dibujo de una hoja de los naranjos; los amantes del Toledo mágico saben descifrar su símbolo, un vivo recuerdo a Gustavo Adolfo Bécquer, a las leyendas toledanas que relató.

Se encontraba el poeta paseando un día por la plaza de Santo Domingo El Real, cuando vio como las cortinillas de una de las ventanas se levantaban para volver a caer con rapidez, ocultando a sus ojos la persona que le miraba. Bécquer volvió a pasar otra tarde y nuevamente ocurrió el mismo hecho, pero no pudo distinguir a nadie en concreto; sin embargo, su sensibilidad como poeta, no le dejo duda que se trataba de una bella mujer, que la conocía y que ella quería expresarle algo... Aquel día sacó su lápiz y apuntó en su cuaderno lo que llamo “ la primera fecha”.

Pasados unos meses, Bécquer vuelve a Toledo, y en otra de sus salidas por esta parte de la ciudad, estando dibujando la portada del viejo convento, creyó ver que desde la misma ventana, una blanca y juvenil mano le saludaba, sin que pudiera percibir rostro alguno. Nuestro poeta espero durante algún tiempo para ver si se repetía el suceso pero ya no volvió a ver aquella misteriosa mano.

Llegó la hora en que tenia que partir hacia Madrid, donde residía, pero antes de guardar sus dibujos apuntó en su cuaderno esta “segunda fecha”

Pasó un año hasta que el poeta volvió nuevamente a esta plaza sin que se le hubieran borrado del todo aquellos recuerdos. Llegándose, le pareció oír las notas de un órgano y los cantos religiosos de voces femeninas que salían del convento.

Preguntó a un mendigo que se hallaba junto a la puerta qué se celebraba ahí, y éste le contestó que se trataba de una toma de hábitos para una novicia.

Entregado Bécquer por ver el desarrollo de este ritual, entró en la iglesia y vio como los sacerdotes envueltos en el incienso se dirigían al fondo del templo donde se hallaba la virgen que iba a ser consagrada ese día con Dios.

Vio como la abadesa, en una acto ceremonial, cortó a la joven el largo cabello que tenía, le quitó las joyas que llevaba y la desnudó de su traje ordinario para ponerle el hábito, vio también como la joven se tumbaba boca abajo en el suelo y se la cubría con pétalos de flores en medio del sonido de una triste melodía.

Acabado el rito, se abrió una puerta dentro del coro por donde la nueva esposa de Dios entró hacia la clausura; en ese momento el poeta pudo ver su rostro y se dio cuenta que él conocía a aquella muchacha sin haberla visto nunca, era la mujer de la mano blanca que le saludaba desde las ventanas del convento.

Quiso gritar para expresar sus sentimientos, pero no pudo. En aquel mismo instante se cerraba para siempre la puerta claustral.

Pregunta con impaciencia a una viejecita quién era la muchacha... y ésta le dijo que se trataba de una joven que se encontraba sola en el mundo tras la muerte de sus padres y, viéndola así, el deán de la catedral, le ofreció una dote para que pudiera tomar el velo.

Cuando nuestro poeta le pregunta donde vivía esa mujer, no pudo contener sus sentimientos al saber que era aquella casa donde vio por primera vez levantarse y caerse las cortinas de la ventana.

Esta es “La tercera fecha” de Bécquer, que nunca fue escrita porque el poeta la llevó en un sitio donde no se borraría jamás, donde nadie más la puede leer, en su corazón.

El Cristo de la Calavera...

Duelo por Inés en la calle del Cristo de la Calavera... 
Esperando al público, los actores preparan los atrezzos, repasando el texto de la escena del duelo de dos jóvenes por una mujer cuando, de repente, dos jovencitos pasan de frente, echándose la culpa uno al otro por dejar perder la oportunidad de estar con una chica; una sonrisa nos invade a todos al pensar que es la misma escena que íbamos a interpretar en aquel instante. 

La leyenda... 

El rey Alfonso VIII preparaba una gran expedición guerrera contra los árabes y, antes de partir, organizó una gran fiesta en el Alcázar en honor de sus tropas.

Noche de damas y caballeros envueltos en la elegancia y, cómo no, los juegos amorosos, las miradas y los gestos entre los dos sexos.

Todos los caballeros habían sido impresionados por la presencia de una bella dama llamada Inés; entre ellos se hallaban dos jóvenes, Alonso y Lope de Sandoval, que con el paso de las horas se enfrentaban basándose en frases y burlas para ganar la mirada de aquella mujer.

Cuando los piques llegaron a ser agresivos, la dama se levantó para evitar un incidente más grave entre esos dos jóvenes, pero en ese momento se le cayó un guante que llevaba y, naturalmente, los dos caballeros se lanzaron al suelo para coger la prenda y devolverla a su dueña.

Afortunadamente, la escena fue cortada por la llegada del rey que tomó el guante y lo devolvió a la dama.

Finalizada la fiesta, los invitados se fueron a sus aposentos; pero fuera del Alcázar, en la Calle de La Calavera, donde la oscuridad era la dueña de Toledo, aparecieron dos sombras confusas sujetando sus espadas, avanzando para quedarse cara a cara.

Eran los dos invitados, Alonso y Lope, que habían decidido resolver sus diferencias con las armas y que no habían encontrado mejor sitio tranquilo que éste para hacerlo, justamente bajo la imagen de un Cristo que había junto con una calavera y una lamparilla de aceite que alumbraba el lugar.

Tras saludar al Cristo, sacaron sus espadas para comenzar el duelo y, cuando se chocaron sus aceros por primera vez, la lamparilla se apagó y la calle se quedó sumida en la oscuridad; al separarse ambos dudando qué hacer, el farolillo volvió a brillar; los dos caballeros se sorprendieron un poco, pero siguieron su lucha y otra vez, al chocar sus espadas, se apagó la lamparilla y, al separarse, se encendió; esta vez intercambiaron alguna explicación y reanudaron la pelea.

Pero a la tercera, escucharon un gemido profundo, fue cuando comprendieron que aquel Cristo impedía el enfrentamiento, se miraron un momento y un impulso espontáneo les llevo a abrazarse y acordar que la que tiene que decidir es la propia Inés.

Cuentan que los dos caballeros, aquella noche, tras suspender el duelo, pasaron cerca de la fachada de la casa de Inés y con profunda sorpresa vieron como se abría el balcón y como un hombre salía de él y comenzaba a bajar hasta el suelo con la ayuda de una cuerda, mientras la propia Inés se despedía amorosamente del galán.


Casilda... La degollada...

Regreso al puente de La Degollada...
Como cualquier visitante, la tentación de apuntarse a un paseo en el tren turístico "Imperial" nos invadió un día que cogí el Galiano desde Madrid para conocer Tolaitula.  

Perdido en descifrar el contenido de la mala grabación que acompañaba nuestro viaje del tren, sólo me dio tiempo de recordar una triste leyenda y un fúnebre lugar: El Arroyo de la Degollada… 

Un año después me vi en el mismo lugar interpretando al cristiano...  

La leyenda...  

Aquí la leyenda enclava otro episodio más de las historias de amores imposibles entre un caballero y una dama: el arroyo de la degollada o la muerte alimentada por el odio religioso.

Ocurrió en el año 1085. El rey Alfonso VI reconquistaba Toledo. Las tropas cristianas habían tomado la ciudad y sus oscuras callejuelas eran un constante ir y venir de jinetes que vigilaban cualquier rebelión de los vencidos musulmanes, judíos y mozárabes.

Cierto día los ojos de Rodrigo, uno de estos jóvenes caballeros que patrullaban la antigua Tolaitola, fueron a encontrarse con los de una bella musulmana llamada Zahira.

Rodrigo no podía olvidar el rostro de la preciosa doncella hasta que, finalmente, obtuvo de ella una cita amparada por la oscuridad de la noche.

Pasado un tiempo, los jóvenes llegaron a fundirse en la pasión del amor.

Zahira confesó a su amado Rodrigo que quería convertirse al cristianismo y entregarse a un valiente caballero cristiano que la protegiese de la terrible venganza de sus padres por renunciar a sus creencias.

Rodrigo le declaró ser ese caballero cristiano y juró amor eterno a la que a partir de ese momento llamaría Casilda, como ella deseaba.

Los dos jóvenes idearon el plan de huir hacia un cercano castillo para que un sacerdote la bautizara y la uniera a su amado con el sagrado lazo matrimonial.

Los dos jóvenes nunca llegaron a ese castillo porque fueron sorprendidos en un camino entre el Puente de Alcántara y la subida hacia el Valle por dos atracadores árabes que, creyendo que la bella musulmana era secuestrada, entraron en lucha con Rodrigo.

El joven intentó huir de ellos hacia el arroyo que dio nombre a esta leyenda, pero una vez ahí, uno de los árabes alcanzó con su puñal el cuello de Casilda, que cayó moribunda.

El caballero acudió rápidamente a socorrer a su amada; nada podía hacer para salvar su vida por lo que, mirando hacia el cielo, tomó aguas del arroyo y vertiéndola sobre la cabeza de Casilda, hizo realidad su última voluntad antes de morir: ser bautizada en la fe de Cristo


Fanatismo en El Cristo de la Luz...

Un viernes en la calle del Cristo de la Luz..
Los coches no paran de pasar en un viernes donde el casco histórico se viste de fiesta del fin de semana, “no hay lugar alternativo”- le digo al actor que interpretara esta noche al judío Abi Saín - “aquí ocurrieron los hechos, habrá que adaptarse, amigo, y cambiar de ropa rápidamente porque el publico está a punto de llegar”

La Leyenda...

Todos los caminos nos llevan a la mezquita de Bab Al Mardúm, una de las más conocidas mezquitas de Al Ándalus, bautizada en su época por Alfonso VI como Mezquita del Cristo de la Luz.

Aquí una pequeña imagen de Cristo pudo ser leyenda, objeto de varios milagros, sucesos misteriosos y de disputas sangrientas.

Es la mitad del siglo X, el odio religioso no paraba de derramar sangres tras la reconquista de la ciudad; la leyenda nos habla de un grupo de judíos fanáticos, los cuales sentían un rencor hacia un pequeño Cristo querido por los cristianos toledanos y que se hallaba en esa misma mezquita.

La imagen de este Cristo pudo ser objeto de varias disputas alimentadas por el odio religioso, a tal extremo, que ese grupo de judíos ideó un plan diabólico para acabar con él: cubrir sus pies con un potentísimo veneno, y, como era costumbre de los cristianos besarle los pies, creyeron que con su acción lograrían un doble propósito: matar a los fieles cristianos y que estos llegasen a dudar de la fe que tienen.

Los judíos obtuvieron como resultado todo lo contrario del plan ideado, porque a la mañana siguiente, cuando los primeros fieles llegaron a rezar ante el Cristo, éste retiró el pie desclavándolo de la cruz y no permitiendo que los labios de los fieles llegasen a rozarle.

Se conocía el milagro, pero no se sabía el motivo. Fue el sacerdote quien delató el veneno al observar una mancha verdosa sobre el pie desclavado de la imagen.

La fama y popularidad del Cristo aumentó en toda la ciudad, y aumentaron sus creyentes.

La noticia del milagro llegó a los oídos del autor de este crimen, Abi Saín. Aquella noche no pudo dormir por una visión aterradora: veía el rostro del Cristo que se dirigía hacia él hasta estallarle en el suyo y, a continuación, un tropa de gente le perseguía tratando de cogerle y destrozarle.

Abi Saín se despertó y decidió regresar a la pequeña iglesia; al penetrar en el recinto se aproximó al Cristo, observó con rabia el pie de la imagen separado del madero, tal y como le habían contado. Lleno de cólera, tomo un puñal y se lo clavó en el pecho al Crucificado.

Por efecto del fuerte golpe, la imagen cayó al suelo al tiempo que un grito de dolor rasgó el aire; muerto de miedo pensó en huir, pero su odio pudo más y recogió el Cristo, lo escondió entre sus ropas y, tras comprobar que no había nadie por los alrededores, salió corriendo con la imagen a su casa para destruirla.

Empezaba a amanecer; Abi Saín seguía durmiendo, descansando de las pasadas emociones, cuando un fuerte rumor de voces alteradas se comenzó a escuchar.

En la calle, entre cientos de voces furiosas y amenazadoras, se escuchaba nítidamente su nombre. Son las voces de un grupo de fieles cristianos que le acusaban de herir al Cristo y robarle.

Pero, ¿cómo podía ser?, nadie le había visto. Pronto comprobó el misterioso secreto. Las ropas donde había traído el cristo escondido se hallaban chorreando sangre y ésta había dejado sus marcas entre la mezquita y su casa, en la Plaza de Valdecaleros.  

Florinda... La Cava de Toledo...

Despedida en el torreón del Baño de la Cava... 
"En aquel torreón solitario, preparamos nuestra despedida con el público. La actriz que hará Florinda, invadida por el miedo de caer al rió; el actor que hará el ermitaño, envuelto en la prisa de buscar algunos arbustos para encender una pequeña hoguera, mientras yo, muy triste ya, me despedía de la noche que nos juntó bajo la luna una vez mas con los personajes eternos que hemos encarnado en aquellas callejuelas".
La leyenda...

Nadie sabe cómo murió Florinda, la hija del conde D. Julián, tras el hundimiento del imperio godo en el Guadalete; nadie supo la verdadera historia de amor que unió a esa hermosa mujer con el último rey toledano, Don Rodrigo, a quien siguen las crónicas castigando como culpable de la entrada de los árabes a España.
Pero este torreón solitario, cerca del puente de San Martín, sigue guardando el aspecto triste y nostálgico de aquellos sucesos que llevaron a Florinda la Cava a sumergirse para siempre en las aguas del río.
Don Julián, el gobernador de Ceuta, con su hija Florinda habitaban Toledo invitados por El Rey Rodrigo.
Ésta bellísima mujer acudía todos los días a la caída del sol a bañarse en las aguas del Tajo mientras Don Rodrigo contemplaba su cuerpo virginal desde las murallas de su Al Cazaba, desaparecida hoy de la parte de arriba del actual puente San Martín.
El deseo del monarca se vio cumplido a los pocos días cuando Florinda acepto unirse a sus brazos.
La felicidad embargaba la pareja, pero alguien se encargó de comunicar a Don Julián la deshonra de su hija en las manos del monarca.
Mi señor don Julián, traigo una noticia aterradora para vos – le comenta al gobernador ceutí un fiel suyo, y añade – Vuestra hija Florinda está siendo observada mientras se baña en el río por alguien de vuestra confianza.  
- ¿Quién es ese desgraciado que se atreve con ese semejante hecho? – le pregunta el gobernador furioso. 
- El mismísimo rey, mi señor – le responde el sirviente.
- ¿Don Rodrigo?, ¡ no puedo creerlo !..., he de averiguarlo yo mismo y, si es cierto, mi venganza será terrible.
El gobernador de Ceuta montó en cólera y decidió vengar su honor ayudando a los musulmanes a entrar a la península. Y, efectivamente, los árabes poco después derrotaron a rey Rodrigo en Guadalete.
Los hechos son estos pero ¿qué fue de los personajes de esta historia?
Don Rodrigo, después de sufrir una depresión terrible, murió transformado en ermitaño; Don Julián y sus aliados fueron muertos por los mismos árabes, y Florinda, la bella Florinda, loca de dolor y de vergüenza, vino a terminar sus días en este mismo torreón, mudo testigo de estos hechos.
Poco tiempo después de esto, los habitantes de esta zona junto a la Puerta del Cambrón y a San Juan de los Reyes, comentaban con terror la aparición de una mujer loca y desmelenada que recorría la orilla del río, gritando a veces y murmurando palabras sin sentido. Muchos intentaron pedirle explicación pero ella huía, sin que nadie pudiera seguirla.
¿Era la bella Florinda?. ¿Era un espectro, o un ser humano?. ¿Era real esta mujer o sólo fruto de la imaginación?. Preguntas que dieron muchas leyendas. Pero aquella mujer no quería ver a nadie, sólo parecía querer vivir en la sombra hasta que desapareció y nadie volvió a verla.
Años después, un hecho extraño vuelve a revivir estos acontecimientos.
En pie sobre el torreón, cuando la tempestad envolvía la ciudad, aparecía una figura sin vida, con el cabello suelto al aire, volviendo su triste mirada a todas partes.
Algunos fieles acudieron al valle, para buscar remedio para ese mal, a un viejo ermitaño, que se acercó una noche a este lugar y al que, tras muchas oraciones, se le apareció la figura que le describieron los testigos.
- En nombre de Dios, el misericordioso y todopoderoso, ¿quién eres, alma en pena y qué buscas cada noche en estos parajes? -le manifestó el ermitaño a la figura, mientras procedía a realizar su rito.
De repente, la mujer se llenó de vida aquella noche y le dijo con una voz agonizada:  
- “Yo soy Florinda la maldita, Florinda la Cava, la hija impura del conde D. Julián. Cuando supe que España era, por mi crimen, esclava de los hijos de Mahoma, una voz interior se alzó en lo más profundo de mi alma, mandándome venir, sin tregua ni descanso, a este lugar de mis culpas, a buscar mi honor perdido en el Tajo. Perdí la razón, pero no lo bastante para dejar de oír esta voz acusadora; mi vergüenza y mi dolor me mataron; aquí, en este sitio, testigo de mis torpes placeres, yace insepulto mi cuerpo; mi alma aparece todas las noches, en penitencia para llorar eternamente mi falta; y evocada por mi llanto, el alma de Rodrigo baja también a llorar la suya a las rotas almenas de su palacio. Bendice en nombre del altísimo este lugar maldito, y mi alma no volverá a aparecer en ellos.” 
Tras un instante, la sombra desapareció en medio de los humos de incienso que habían envuelto el lugar.
El ermitaño bendijo el lugar en nombre de Dios, rezó por las dos almas, y desde aquel día no volvió a verse en Toledo la sombra de Florinda.  

La mujer del Alarife...

Prisas en el Puente de San Martín... 
"Prisas en cambiar el vestuario, en encender las antorchas que iluminarán las murallas del Puente de San Martín, en esconder el atrezzo... Siempre las prisa para llegar a la perfección, todo por un público que solo quiere escuchar la leyenda o por otro que hace hacer tiempo para irse después a su bar de copas preferido". 
La leyenda...
El arzobispo Don Pedro Tenorio ordena en el año 1390, reconstruir el puente que se quedo destruido tras una batalla, de tal tarea se encargo un prestigioso Alarife de la ciudad.Tras años de trabajo, y cuando solo faltaban tres días para retirar las maderas que sujetaban el arco central y inaugurar el puente, el arquitecto que debería estar feliz de la obra que hizo ésta totalmente triste, nervioso e invadido por todas las penas.
Cierto, terriblemente es cierto - manifiesta el arquitecto a su mujer.
¿Qué os sucede, querido marido, qué os preocupa tanto esposo, jamás te he visto así, cuéntame tus penas que serán mis penas también...? - le pregunta su esposa.
Vais a saberlo, todos lo vais a saber, tu esposo, del que tan orgullosa has estado siempre, por creerle el mejor Alarife del reino, está totalmente perdido – explica el marido con un notable tono de nervios.
¿Perdido ...?, ¡imposible! ...cómo puede ser eso ...no puedo creerlo! – exclama la mujer, preocupada ya.
Ves, ni tú misma lo crees ... pues qué será cuando se haga público y lo sepa todo el mundo, seré la burla de todos, el despreciado de todos, me apartarán y me encerrarán en los calabozos de la ciudad – añade el marido.
Pero, por Dios, decidme, ¿Qué os sucede...? - le pregunta su mujer.
Sucede que ahora, querida y desgraciada esposa mía, cuando solamente falta cerrar el arco central del puente que llevo meses y meses dibujando y construyendo, aparecen unos errores inexplicables en mis cálculos que no he advertido hasta ahora...se producirá la catástrofe del hundimiento del arco central... – explica el esposo removiendo los planos del puente y las lágrimas en los ojos.
No puede ser, esposo ... míralo bien. – le dice la mujer, que no asume lo que le manifiesta el marido
Es una certidumbre matemática esposa, no hay remedio, he repasado los cálculos cientos de veces... es la ruina, todo mi prestigio se vendrá abajo – el Alarife abraza muy afectado a su mujer y añade- Tengo que hacer algo, no puedo estar así, esperando, iré a repasar otra vez los cálculo, esto es el final... Dios mío...
 El marido entra a una de las habitaciones de su casa; mientras la esposa se queda pensando en la desgracia que se acaba de caer sobre su esposo.
 - El mal está hecho, ya no tiene solución, cómo evitar que caiga ese deshonor sobre mi pobre marido... tengo que hacer algo, entregaría mi vida por no ver a mi marido en este deprecio, Dios..., si pudiera la tierra tragarse este puente, daría la vida ... pues sí, hay que hacerlo desaparecer ... pero ¿cómo? ... es de madera dura y pura, ni siquiera podría hacerlo sola durante mi vida entera ...abrir los clavos ... no puedo sola ...el enemigo de la madera, sí... el fuego ... prenderle fuego ... eso es ... con aceites y cuerdas ... y luego dirán que era un rayo de la tormenta, tengo que empezar ya, antes que descubra alguien este plan.
En medio de la tormenta, la esposa llevó su plan ideado.
Al amanecer, la noticia se extendió por la ciudad, pero todos convencidos de que fue un rayo, el Arzobispo mandó otra vez al Alarife a completar su obra.
Días después, cuando las obras del nuevo puente finalizaron, la esposa del arquitecto pidió audiencia a Don Pedro y le confesó la verdad de su delito; el Arzobispo le perdonó, ya que, intentado salvar el honor de su marido, salvó las vidas de tantos toledanos; además el Arzobispo mandó colocar en el arco central del nuevo puente una pequeña estatua con la figura de esta valiente mujer.

Las Cuevas de Hércules...
Furia en el Callejón de San Ginés.....
"Aquel día no pasamos desapercibidos como de costumbre; el actor, furioso en su papel de rey Rodrigo, forzando la entrada a la cueva, el público entregado con la magia de la escena, cuando, de repente, se suma un vecino desde una ventana, furioso también: “tantas leyendas y tanto teatro, estamos durmiendo, señores, así que hagan el favor de callarse” 
La leyenda...
¿Cuántos secretos quedan enterrados en los sótanos de Toledo?. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de cuevas y pasillos subterráneos que se comunican entre varias partes de la ciudad? ¿ Cuántas veces se ha ligado el nombre del poderoso Hércules con esos secretos?.
Dicen que estos lugares fueron laboratorios secretos desde los que el propio Hércules enseñaba las ciencias ocultas. Todavía quedan por resolver las posibles entradas a las cuevas, pero la leyenda que nos llama la atención se remite a algunas figuras o pinturas que había en ellas antes de la llegada de los árabes, cuyo desvelamiento - según las creencias de la época - atrae grandes males.
Esta cueva se vincula también a otro misterio referido al rey Don Rodrigo y a la caída de España en manos árabes.
El rey se atreve a entrar y con su gesto arrastra la ruina a su país, que se verá invadido por los árabes.
  En un cuento alegórico que se titula "Rodrigo o la torre encantada", el Marqués de Sade, recoge ese hecho de manera fantástica:
- "Mientras el peligro aumenta, el desgraciado monarca está en vísperas de ser echado del trono; se acuerda entonces de un monumento antiguo que hay por los alrededores de Toledo, el que llaman la Torre Encantada; la opinión vulgar cree que está llena de tesoros; el príncipe corre a ella con el propósito de aprehenderlos; pero no es posible entrar en el tenebroso reducto. Una puerta de hierro provista de mil cerraduras le impide tan bien el paso, que ningún mortal ha podido todavía penetrar en ella. En lo alto de esta puerta terrible se lee en caracteres griegos: No te acerques si temes a la muerte. Rodrigo no se asusta por esto: se trata de sus Estados, toda esperanza de encontrar fondos está perdida absolutamente: manda romper las puertas y sigue adelante."
Tan fuerte era la creencia, que al acabar la Edad Media, se ordeno tapar cualquiera entrada a esas cuevas por las terribles historias que rodeaban su existencia.

La estatua y el beso del francés...
Contratiempos en San Pedro Mártir...
El actor había engordado en un año de tal manera que no le caben ya los vestidos del francés; la actriz había olvidado el maquillaje blanco para pintarse de estatua; en el lugar donde siempre hemos escenificado la escena, habían colocado algunos andamios de obras; en el jardín que había frente de la iglesia, bajo la estatua del Gracilazo, un grupo de jóvenes con el ruido del botellón; pero habrá que adaptarse e interpretar la escena del beso...  
La leyenda...
Los ejércitos franceses se apoderaron de Toledo. Comenzaron por habilitar como cuarteles los mejores edificios de la ciudad, entre ellos, el prestigioso Alcázar de Carlos V y, cuando ya no había cabida para más gente, se empezaron a invadir las iglesias consagradas al culto, entre las que se encontraba la iglesia de San Pedro Mártir.
En Zocodover, lugar de reunión de los nuevos habitantes de la ciudad, el capitán de escuadrón de caballería empieza a relatar a sus compañeros algunos terribles hechos y fenómenos que pudo presenciar cuando dormía en la pequeña iglesia de San Pedro Mártir; les habló aquel día del misterio de dos estatuas, una mujer y un noble guerrero castellano, que se hallaban en la capilla del claustro.  
El joven oficial, para demostrar que sus relatos eran ciertos, invita a sus compañeros a pasar una noche con él en la pequeña capilla donde vio aquellos increíbles sucesos.  Al anochecer, todos acuden a la cita en la pequeña iglesia, donde pronto se organiza una improvisada fiesta.
Envueltos entre las botellas y las risas, el capitán decide dar rienda suelta a sus impulsos. Se levanta, para humillar a aquel antiguo guerrero español, vertiendo una copa de vino sobre su cara y, posteriormente, para dar un beso a aquella mujer de piedra.  
                    No creáis que os odio por ser un rival... no.. no, al contrario, os admiro como esposo al sentirme cortejando en vuestra presencia a vuestra hermosa mujer... yo os invito a que bebáis – dirigiéndose al guerrero de piedra.
·                     ¡Capitán!. ¿Qué locura vais a hacer?. ¡Basta de bromas!. ¡Dejad en paz a los muertos! - gritaron todos los presentes en un intento de convencer al oficial para que dejase de humillar a aquella estatua.  
Sin embargo, el francés proseguía en su cortejo a la mujer de mármol.
·Os juro por mi honor que ayer hizo un gesto con sus ojos que parecía de carne y hueso... y cuando me acerqué a ella, su cara empezó a cambiar de color – contemplando la estatua seguía en sus fantasías - Mirad qué blanca silueta tiene, qué rostro tan perfecto y virginal, la admiro, amigos, la admiro y no la cambio ni por la diosa más hermosa, mirad como me invita a un amor nuevo, daría mi vida por besar sus labios, sí.. sí, sólo un beso puede calmar mi sed...  
El joven, acerca sus labios a los de la estatua de la bella dama y, de repente, resonó un grito de horror en el templo. El francés había caído desplomado al pie del sepulcro, arrojando sangre por boca y nariz.
Aquel guerrero de mármol había levantado su mano para derribar con un golpe al francés que pretendía deshonrar a su esposa. 

FUENTES: Nouaman Aouraghe - "HUELLAS, Viaje por el Toledo de las leyendas" 2º edición – Toledo 2004 – Ediciones Nedjma - Derechos Creative Commons (CC-BY) - Citando al autor.
           http://leyendasdetoledo.blogspot.com.es/





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